Un haiku (escrito también jaiku o hai-kai) es una composición poética propia de la poesía japonesa, formada por diecisiete sílabas repartidas en tres versos de cinco, siete y cinco sílabas, respectivamente. Aunque esta norma métrica no siempre se ha respetado, pues incluso Basho, considerado el padre del género, se apartó a menudo de ese patrón.
Temáticamente, en el haiku se ofrece una visión o percepción intuitiva e instantánea de la realidad. O como dijo el propio Basho, "es simplemente lo que está sucediendo en este lugar, en este momento".
Aunque suelen hacer referencia a alguna estación del año, son incontables los que no siguen esa pauta.
Para inaugurar este estanque de paz, este remanso de sabiduría, traigo a la memoria al gran Arakida Moritake (1473-1549).
¿Vuelven al tallo
las hojas desprendidas?
Son mariposas.
El sauce verde
pinta cejas al mar
sobre la frente.
No ya en su cáliz
sino en nuestra nariz
está el aroma.
domingo, 30 de noviembre de 2008
A todo tren
En un jardín no solamente hay belleza. Por desgracia también viven y se desarrollan plantas o animales nocivos para el resto de sus moradores. Algo así sucede en este peculiar Jardín de los instantes perdidos, que, como no podía ser menos, también está lleno de malas hierbas. Es inútil tratar de arrancarlas... Salen y vuelven a salir una y otra vez.
He aquí algunas malas hierbas referidas a los trenes. Espero que los lectores sepan disculpar al autor de semejante desaguisado, y que los daños que produzcan sus torpes zarpas en este reducto de armonía sean mínimos.
Los trenes son los más terribles ofidios.
A muchos les gusta ver pasar los trenes desde tierra firme. Es mejor ver pasar la tierra firme desde los trenes.
El pitido del tren es el despertador del paisaje.
La ventanilla del vagón de tren nunca es ella, siempre es la de en frente.
Todos los pitidos del tren encubren un crimen.
Las ventanillas del tren van diciendo ¡adiós! al paisaje.
Los trenes andan arrastrando los pies.
Soñaba que estaba viajando en tren, pero luego apareció el revisor y, como no tenía billete, le hicieron despertar en la siguiente estación.
Si nos quedamos dormidos en el tren o en el autobús tendremos forzosamente sueños viajeros.
El tren va haciendo el jersey del paisaje por los rieles por los que pasa, y por eso cuando lo termina cambia de agujas.
Locomotora es la loca que se mueve (o la locomotora se mueve como un loco).
Las ventanillas de los trenes son epilépticas.
Juan Balleste®
He aquí algunas malas hierbas referidas a los trenes. Espero que los lectores sepan disculpar al autor de semejante desaguisado, y que los daños que produzcan sus torpes zarpas en este reducto de armonía sean mínimos.
Los trenes son los más terribles ofidios.
A muchos les gusta ver pasar los trenes desde tierra firme. Es mejor ver pasar la tierra firme desde los trenes.
El pitido del tren es el despertador del paisaje.
La ventanilla del vagón de tren nunca es ella, siempre es la de en frente.
Todos los pitidos del tren encubren un crimen.
Las ventanillas del tren van diciendo ¡adiós! al paisaje.
Los trenes andan arrastrando los pies.
Soñaba que estaba viajando en tren, pero luego apareció el revisor y, como no tenía billete, le hicieron despertar en la siguiente estación.
Si nos quedamos dormidos en el tren o en el autobús tendremos forzosamente sueños viajeros.
El tren va haciendo el jersey del paisaje por los rieles por los que pasa, y por eso cuando lo termina cambia de agujas.
Locomotora es la loca que se mueve (o la locomotora se mueve como un loco).
Las ventanillas de los trenes son epilépticas.
Juan Balleste®
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# Malas hierbas,
Ballester Juan
Las flores de Carlos Flores
Greguerías extraídas de su Baúl de greguerías (publicado en 2006):
La nieve exagera al tomar la medida de nuestros pies.
Matrimonio entre viudos: dos alumnos dispuestos a repetir curso.
Las ranas del estanque inmediato al cementerio producían la impresión tremenda de que los muertos roncaban.
La aceituna sin hueso es la mejor demostración de que la Naturaleza es mejorable.
Las niñas de hace cien años jugaban con muñecas muertas.
El mar huele a eructo de percebe.
El hipocondríaco vocacional lamenta, alcanzada una edad avanzada, tener que descartar algunas enfermedades infantiles.
El hombre de hoy es tratado únicamente, como caballero, cuando se dispone a hacer sus necesidades.
Lo más sorprendente del barroco es que ignora la fuerza de la gravedad.
La mayoría de la gente no se decidirá a subir en globo hasta que la barquilla deje de parecerse al cesto de la ropa sucia.
©arlos Flores
La nieve exagera al tomar la medida de nuestros pies.
Matrimonio entre viudos: dos alumnos dispuestos a repetir curso.
Las ranas del estanque inmediato al cementerio producían la impresión tremenda de que los muertos roncaban.
La aceituna sin hueso es la mejor demostración de que la Naturaleza es mejorable.
Las niñas de hace cien años jugaban con muñecas muertas.
El mar huele a eructo de percebe.
El hipocondríaco vocacional lamenta, alcanzada una edad avanzada, tener que descartar algunas enfermedades infantiles.
El hombre de hoy es tratado únicamente, como caballero, cuando se dispone a hacer sus necesidades.
Lo más sorprendente del barroco es que ignora la fuerza de la gravedad.
La mayoría de la gente no se decidirá a subir en globo hasta que la barquilla deje de parecerse al cesto de la ropa sucia.
©arlos Flores
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# La senda de las greguerías,
Flores Carlos
jueves, 20 de noviembre de 2008
De refranes y términos afines
Refrán... Palabra que nos transporta a la cultura popular, al mundo rural de antaño, que nos trae reminiscencias de algo rancio y trasnochado, pero que es también un trozo de nuestra historia, que nos dice mucho de la manera de vivir y de pensar de generaciones pretéritas.
Refrán... Frase o dicho que encierra experiencias personales, filias y fobias, tópicos y consejos que en muchas ocasiones resultan útiles hoy en día.
Refrán... algo muy nuestro, no importado de remotos lugares ni producto de las modas pasajeras. Algo que está ahí, como las colecciones de cuadros en las pinacotecas, que se han de visitar poco a poco, quizá degustando unas pocas salas cada vez para no darse un empacho innecesario.
Refrán... expresión por la que el tiempo no pasa; pozo sin fondo en donde siempre podremos sacar agua para aliviar nuestra sed de sabiduría; amigo silencioso que nos espera por si en algún momento tenemos necesidad de él...
Pero... ¿qué es técnicamente un refrán?
Un refrán es una frase completa e independiente, que, en sentido directo o alegórico, y, por lo general, en forma sentenciosa y elíptica, expresa un pensamiento a manera de juicio, en el que se relacionan por lo menos dos ideas: Quien siembra vientos, recoge tempestades; A perro flaco todo son pulgas.
De origen rural y marcadamente popular, el refrán suele venir expresado en verso, empleando rima por lo general asonante.
Sin embargo, hay ciertas locuciones que sin ser refranes, se aproximan mucho a ellos, y eso nos lleva a distinguirlos, siquiera sea de forma sucinta, del proverbio, sentencia, adagio, aforismo, dicho, apotegma, máxima o axioma, por citar sólo algunos términos.
El refrán suele circunscribirse a expresar una realidad evidente, que no requiere más explicaciones, aunque a menudo incluye figuras retóricas, como la metáfora, prosopopeya, ironía, antítesis, etc.
El proverbio, sin embargo, va un paso más allá y pretende servir de consejo o advertencia: Nadie mide la profundidad de un río con ambos pies.
El adagio comparte las características de los anteriores, pero revestido de un aura poética, o como alguien dijo, un ‘refrán de sangre azul’, por encima del localismo y de la cortedad de miras que tienen algunos refranes: Haz bien y no mires a quién.
Respecto al apotegma, lo que lo diferencia del resto es el haber sido pronunciado por una persona importante y de relieve: Lo bueno, si breve, dos veces bueno (Baltasar Gracián).
La máxima por su parte suele tener un trasfondo trascendente, de más altura que el simple refrán o el proverbio, aunque quizá no de tanta como el apotegma: La juventud es un defecto que se cura con el tiempo.
La sentencia, muy parecida a la máxima, pretende poner quizá una nota doctrinal y categórica que ésta no tiene: El más áspero bien de la fortuna es no haberla tenido vez alguna. (Ercilla).
Por lo que se refiere al aforismo, se trata de una norma de conducta o una regla de oro para manejarse en una actividad o en el difícil arte de vivir: Ars longa, vita brevis (Hipócrates).
Por último, se considera axioma a una proposición tan clara y evidente que no necesita demostración alguna: El todo es mayor que las partes.
Quizá el denominador común de todos estos subgéneros sea el dicho, que no es otra cosa que un conjunto de palabras con que se expresa oralmente un concepto cabal.
En la práctica, sin embargo, vamos a encontrar refranes que participan de las características de los otros subgéneros, al incorporar, como ya hemos dicho antes, juegos de palabras, metáforas, hipérboles y otros artificios, con lo que la frontera entre unos y otros sigue estando difuminada y no pocas veces una misma frase podrá ser considerada a la vez como refrán y proverbio, o como refrán y aforismo, etc.
He aquí algunos de los refraneros o colecciones de refranes más importantes en nuestra lengua:
Refranes que dicen las viejas tras el fuego, de Íñigo López de Mendoza (marqués de Santillana), 1499.
Adagios y fábulas, de Fernando de Arce, 1533.
Libro de refranes, de Pedro Vallés, 1549.
Refranes y proverbios en romance, de Núñez de Guzmán, 1555.
Refranes, de Francisco del Rosal, 1560.
La Philosofía vulgar, de Juan de Mal-Lara, 1568.
Teatro universal de proverbios, de Sebastián de Horozco, 1599.
Vocabulario de refranes, de Gonzalo Correas, 1627.
Refranes y modo de hablar castellano, de Jerónimo Martín Caro Cejudo, 1675.
El gran Piscator de Salamanca, de Diego Torres Villarroel, 1755.
Refranes o proverbios de los judíos españoles, de Kayserling, 1889.
Catálogo paremiológico, de Melchor García Moreno, 1918.
Floresta de Refranes, de Francisco Rodríguez Marín, 1926-41.
Refranero general ideológico español", Luis Martínez Kleiser, 1945.
Diccionario general de frases, dichos y refranes, de Eva Espinet, 1991.
Refrán... Frase o dicho que encierra experiencias personales, filias y fobias, tópicos y consejos que en muchas ocasiones resultan útiles hoy en día.
Refrán... algo muy nuestro, no importado de remotos lugares ni producto de las modas pasajeras. Algo que está ahí, como las colecciones de cuadros en las pinacotecas, que se han de visitar poco a poco, quizá degustando unas pocas salas cada vez para no darse un empacho innecesario.
Refrán... expresión por la que el tiempo no pasa; pozo sin fondo en donde siempre podremos sacar agua para aliviar nuestra sed de sabiduría; amigo silencioso que nos espera por si en algún momento tenemos necesidad de él...
Pero... ¿qué es técnicamente un refrán?
Un refrán es una frase completa e independiente, que, en sentido directo o alegórico, y, por lo general, en forma sentenciosa y elíptica, expresa un pensamiento a manera de juicio, en el que se relacionan por lo menos dos ideas: Quien siembra vientos, recoge tempestades; A perro flaco todo son pulgas.
De origen rural y marcadamente popular, el refrán suele venir expresado en verso, empleando rima por lo general asonante.
Sin embargo, hay ciertas locuciones que sin ser refranes, se aproximan mucho a ellos, y eso nos lleva a distinguirlos, siquiera sea de forma sucinta, del proverbio, sentencia, adagio, aforismo, dicho, apotegma, máxima o axioma, por citar sólo algunos términos.
El refrán suele circunscribirse a expresar una realidad evidente, que no requiere más explicaciones, aunque a menudo incluye figuras retóricas, como la metáfora, prosopopeya, ironía, antítesis, etc.
El proverbio, sin embargo, va un paso más allá y pretende servir de consejo o advertencia: Nadie mide la profundidad de un río con ambos pies.
El adagio comparte las características de los anteriores, pero revestido de un aura poética, o como alguien dijo, un ‘refrán de sangre azul’, por encima del localismo y de la cortedad de miras que tienen algunos refranes: Haz bien y no mires a quién.
Respecto al apotegma, lo que lo diferencia del resto es el haber sido pronunciado por una persona importante y de relieve: Lo bueno, si breve, dos veces bueno (Baltasar Gracián).
La máxima por su parte suele tener un trasfondo trascendente, de más altura que el simple refrán o el proverbio, aunque quizá no de tanta como el apotegma: La juventud es un defecto que se cura con el tiempo.
La sentencia, muy parecida a la máxima, pretende poner quizá una nota doctrinal y categórica que ésta no tiene: El más áspero bien de la fortuna es no haberla tenido vez alguna. (Ercilla).
Por lo que se refiere al aforismo, se trata de una norma de conducta o una regla de oro para manejarse en una actividad o en el difícil arte de vivir: Ars longa, vita brevis (Hipócrates).
Por último, se considera axioma a una proposición tan clara y evidente que no necesita demostración alguna: El todo es mayor que las partes.
Quizá el denominador común de todos estos subgéneros sea el dicho, que no es otra cosa que un conjunto de palabras con que se expresa oralmente un concepto cabal.
En la práctica, sin embargo, vamos a encontrar refranes que participan de las características de los otros subgéneros, al incorporar, como ya hemos dicho antes, juegos de palabras, metáforas, hipérboles y otros artificios, con lo que la frontera entre unos y otros sigue estando difuminada y no pocas veces una misma frase podrá ser considerada a la vez como refrán y proverbio, o como refrán y aforismo, etc.
He aquí algunos de los refraneros o colecciones de refranes más importantes en nuestra lengua:
Refranes que dicen las viejas tras el fuego, de Íñigo López de Mendoza (marqués de Santillana), 1499.
Adagios y fábulas, de Fernando de Arce, 1533.
Libro de refranes, de Pedro Vallés, 1549.
Refranes y proverbios en romance, de Núñez de Guzmán, 1555.
Refranes, de Francisco del Rosal, 1560.
La Philosofía vulgar, de Juan de Mal-Lara, 1568.
Teatro universal de proverbios, de Sebastián de Horozco, 1599.
Vocabulario de refranes, de Gonzalo Correas, 1627.
Refranes y modo de hablar castellano, de Jerónimo Martín Caro Cejudo, 1675.
El gran Piscator de Salamanca, de Diego Torres Villarroel, 1755.
Refranes o proverbios de los judíos españoles, de Kayserling, 1889.
Catálogo paremiológico, de Melchor García Moreno, 1918.
Floresta de Refranes, de Francisco Rodríguez Marín, 1926-41.
Refranero general ideológico español", Luis Martínez Kleiser, 1945.
Diccionario general de frases, dichos y refranes, de Eva Espinet, 1991.
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# El pozo de los refranes
viernes, 14 de noviembre de 2008
Pájaros perdidos
El exquisito poeta bengalí Rabindranath Tagore escribió un libro titulado "Pájaros perdidos" en el que plasma una serie de pensamientos que cabría calificar de aforismos, micropoemas o simplemente eso, pájaros sin rumbo.
Juan Ramón Jiménez escribió estas líneas como introducción, que definen perfectamente el carácter de esa pequeña joyita:
Fina red de los sentimientos del poeta; aquí, entre estas flores granas del corazón, puedes esperar, temblando de dicha y bien intencionada, como en los acechos felices del amor, la llegada de tus pájaros.
Pero a ver cómo repites la dulzura del latido que te tiende, que, al prender tú el pájaro en ti, no sienta él que deja de su libertad ni la leve sombra tuya echada en el alma por la luna.
¡Aquí, pájaros perdidos, en el libro puro, como en una mano dulce que os lleve, cansados vosotros de volar, por todos los aires de todas las tierras del mundo!
Las lágrimas de la tierra le tienen siempre en flor su sonrisa.
Si de noche lloras por el sol, no verás las estrellas.
No te dejes tu amor sobre el precipicio.
El que lleva su farol a la espalda, no echa delante más que su sombra.
El descanso es del trabajo como los párpados son de las sombras.
La telaraña parece que coge gotas de rocío, y coje moscas.
®abindranath Tagore
Juan Ramón Jiménez escribió estas líneas como introducción, que definen perfectamente el carácter de esa pequeña joyita:
Fina red de los sentimientos del poeta; aquí, entre estas flores granas del corazón, puedes esperar, temblando de dicha y bien intencionada, como en los acechos felices del amor, la llegada de tus pájaros.
Pero a ver cómo repites la dulzura del latido que te tiende, que, al prender tú el pájaro en ti, no sienta él que deja de su libertad ni la leve sombra tuya echada en el alma por la luna.
¡Aquí, pájaros perdidos, en el libro puro, como en una mano dulce que os lleve, cansados vosotros de volar, por todos los aires de todas las tierras del mundo!
Las lágrimas de la tierra le tienen siempre en flor su sonrisa.
Si de noche lloras por el sol, no verás las estrellas.
No te dejes tu amor sobre el precipicio.
El que lleva su farol a la espalda, no echa delante más que su sombra.
El descanso es del trabajo como los párpados son de las sombras.
La telaraña parece que coge gotas de rocío, y coje moscas.
®abindranath Tagore
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# Criaturas del jardín,
Tagore Rabindranath
El escritor
Hoy día 14 de noviembre se abre para todos los corazones que saben disfrutar de cada instante, este peculiar jardín en el que cada palabra es una flor. Y para inaugurarlo, nada mejor que recordar al gran maestro Ramón Gómez de la Serna, a quienes sus admiradores y seguidores llamamos simplemente Ramón. El árbol que él plantó, el de las greguerías, sigue vivo aún y sigue ofreciendo cobijo y alimento a cuantos se acercan a buscar la inspiración bajo su sombra.
La greguería como tal nace en 1909, y Ramón las desarrolla como género literario sobre todo a partir de 1912, cultivándolas hasta 1947.
Resulta imposible dar una definición exacta del término: simplificando, nos dirá que es la suma de metáfora + humor, o negativamente, excluyendo aquello que tiene apariencia de greguería pero no lo es. Al final, acabó por afirmar que "la greguería es atrevimiento a definir lo que no puede definirse, a capturar lo pasajero, a acertar o no acertar lo que puede o no estar en nadie y puede estar en todos".
Sea como fuere, Ramón escribió, cómo no, algunas greguerías refiriéndose a la propia greguería, de las que vamos a recordar un par de ellas:
Una greguería es el buscapiés del pensamiento.
Las mejores greguerías son las de ojos verdes.
Y dicho esto, vamos con una pequeña muestra de lo que el maestro dejó escrito acerca del escritor y del arte de escribir:
Escribir es que le dejen a uno llorar y reír a solas.
El escritor pesca con la red de su cerebro.
Hay los escritores de títulos largos y los de títulos cortos. Los que titulan una cosa El, y los que la titulan El hombre que sacaba el reloj y después comía sentado.
Cuando el escritor ha llegado a la vejez, es cuando sospecha que el artículo que está escribiendo lo escribió ya otra vez.
El escritor quiere escribir su mentira y escribe su verdad.
Premio para el escritor: un calamar de oro.
Quisiéramos ver un epitafio que dijese: "Aquí yace el escritor de anónimos. Murió del último."
El buen escritor no sabe nunca si sabe escribir.
®amón
La greguería como tal nace en 1909, y Ramón las desarrolla como género literario sobre todo a partir de 1912, cultivándolas hasta 1947.
Resulta imposible dar una definición exacta del término: simplificando, nos dirá que es la suma de metáfora + humor, o negativamente, excluyendo aquello que tiene apariencia de greguería pero no lo es. Al final, acabó por afirmar que "la greguería es atrevimiento a definir lo que no puede definirse, a capturar lo pasajero, a acertar o no acertar lo que puede o no estar en nadie y puede estar en todos".
Sea como fuere, Ramón escribió, cómo no, algunas greguerías refiriéndose a la propia greguería, de las que vamos a recordar un par de ellas:
Una greguería es el buscapiés del pensamiento.
Las mejores greguerías son las de ojos verdes.
Y dicho esto, vamos con una pequeña muestra de lo que el maestro dejó escrito acerca del escritor y del arte de escribir:
Escribir es que le dejen a uno llorar y reír a solas.
El escritor pesca con la red de su cerebro.
Hay los escritores de títulos largos y los de títulos cortos. Los que titulan una cosa El, y los que la titulan El hombre que sacaba el reloj y después comía sentado.
Cuando el escritor ha llegado a la vejez, es cuando sospecha que el artículo que está escribiendo lo escribió ya otra vez.
El escritor quiere escribir su mentira y escribe su verdad.
Premio para el escritor: un calamar de oro.
Quisiéramos ver un epitafio que dijese: "Aquí yace el escritor de anónimos. Murió del último."
El buen escritor no sabe nunca si sabe escribir.
®amón
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# El árbol de Ramón,
Gomez de la Serna Ramón
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