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lunes, 16 de agosto de 2010

En el estilo de Gómez de la Serna

Ramón Gómez de la Serna, inventor y máximo cultivador de la greguería, dejó una huella indeleble en el mundo del aforismo, hasta el punto de haber dejado una legión de imitadores. Entre ellos, un tal Manuel Aguirre de Cárcer, que escribió algunas de ellas precisamente imitando el estilo de Ramón, a las que bautizó como "Supergreguerías".

Dejamos aquí muestra de varias de ellas:

El reloj es el molinillo de café del tiempo.

Es lástima que no podamos, de cuando en cuando, lavarnos el esqueleto.

Ese pimer tranvía que sale a las seis de la madrugada es un tranvía fantasma, que no lleva viajeros ni va a ninguna parte.

Los zapatos que ponemos al acostarnos al lado del lecho, se vengan del trabajo a que les tenemos sometidos durante el día, internándose debajo de la cama y obligándonos a buscarlos a cuatro patas.

Por las noches, los faroles de gas se entretienen silbando las canciones de moda.

Si los ciempiés tuvieran menos pies se cansarían mucho menos.

Las "greguerías" son como las croquetas, que hay que hacer muchas para que llenen y no se pueden aguantar más de seis.

Manuel Agui®re

domingo, 21 de diciembre de 2008

Las flores de Carlos Flores

Greguerías extraídas de su Baúl de greguerías (publicado en 2006):

La piel de los viejos está cubierta por laberintos de los días perdidos.

En el lejano horizonte es donde el cielo y el mar juegan a la comba.

No consiguió hacerse joven hasta llegar a una edad muy avanzada.

La muerte es tan culpable por llevarse al joven con todo por hacer como por no llevarse al viejo con todo ya hecho.

El cerebro es como el chocolate: se vuelve espeso si le damos demasiadas vueltas.

El que confiesa una envidia sana quiere decir que la tiene fuerte y robusta.

Los pañuelos de papel le quitan categoría al llanto.

Era tan bruto y tosco que suspiraba en forma de eructos.

La jota es un baile que se baila a patadas.

El jorobado es una persona con propina.

De aquellos pies olían mal hasta las huellas dactilares.

Veterinario suicida: operaba de anginas a los cocodrilos.

El trueno es un aviso que llega siempre con retraso.

El consuelo que nos queda es pensar que el propio Joyce tuvo que pasar por el trance de leerse enterito el "Ulises".

Cuando el niño se despierta llorando es porque ha soñado que de mayor no llegará nunca a aprobar las oposiciones a notarías.

©arlos Flores

domingo, 7 de diciembre de 2008

Homenaje a Ramón, por "Tono"

Antonio de Lara Gavilán (“Tono”), escribió en su día una serie de greguerías en homenaje al maestro, parte de las cuales recordamos ahora para embellecer nuestro peculiar jardín.


Era tan fuerte el calor que los acordeones se desabrocharon todos los botones.

Los negros son negros para que se sepa que son negros.

¡Qué perfecta era aquella vaca! En el mapa de su piel coincidían los Pirineos con su espina dorsal.

Al movimiento de las gallinas le faltan fotogramas.

Desde el tren los borregos parecen piedras y las piedras parecen borregos.

Las olas, en las orillas del mar, siempre se están arrepintiendo.

Cuando las señoras gordas se ponen los guantes se ordeñan las manos.

La primera noche, en una habitación de hotel, se sueña lo que había dejado a medio soñar el viajero anterior.

La almohada debía llorar cuando se le cambia la funda.

¡Tenga, María, lleve usted estas camelias a la planchadora!

La aspirina no debía echarse en la boca sin un sello de urgencia.

Todas las mesas están cojas de tanto estar de pie.



Antonio de La®a Gavilán ("TONO")

domingo, 30 de noviembre de 2008

Las flores de Carlos Flores

Greguerías extraídas de su Baúl de greguerías (publicado en 2006):

La nieve exagera al tomar la medida de nuestros pies.

Matrimonio entre viudos: dos alumnos dispuestos a repetir curso.

Las ranas del estanque inmediato al cementerio producían la impresión tremenda de que los muertos roncaban.

La aceituna sin hueso es la mejor demostración de que la Naturaleza es mejorable.

Las niñas de hace cien años jugaban con muñecas muertas.

El mar huele a eructo de percebe.

El hipocondríaco vocacional lamenta, alcanzada una edad avanzada, tener que descartar algunas enfermedades infantiles.

El hombre de hoy es tratado únicamente, como caballero, cuando se dispone a hacer sus necesidades.

Lo más sorprendente del barroco es que ignora la fuerza de la gravedad.

La mayoría de la gente no se decidirá a subir en globo hasta que la barquilla deje de parecerse al cesto de la ropa sucia.

©arlos Flores